
No sabiendo como, llegó a una cierta ciudad. Se había desmayado ó tal vez había aparecido ahí con algún propósito, que ya había olvidado. Se encontraba en el techo de un enorme edificio, desorientado, confundido, pensante, preocupante y adolorido, “Tal vez el aterrizaje no ha sido muy placentero”- pensó él-. Recorrió el edificio con suma tranquilidad, a pesar de todas sus dudas, observó bien cada detalle de aquel solitario lugar y notó que no había ninguna puerta para que pudiera bajar, ni ninguna escalera con la cual descender, tampoco había ningún punto de escape de la fuerza de la naturaleza, ni del sol, ni la lluvia, ni los rayos, ni las ventiscas (y vaya que a esa altura el frío y el viento azotaban con furia).
“No puede haber otra solución que bajar saltando” – pensó de nueva cuenta- “puedo arrojar algo a las personas que transitan por debajo, para que de señal de mí”- y diciendo esto tomó un zapato y lo aventó al abismo del aquel edifico. Sin embargo todos sus esfuerzos fueron inútiles, ya que ninguna persona se dio cuenta de su existencia, en aquella isla en el cielo; arrojó su par de zapatos, un cinturón, su saco, su camisa, sus pantalones, hasta que solo se quedo en su ropa interior.
“¿Y ahora que?”-pensó ya en forma más agitada y perdiendo la calma- “¡No puedo estar aquí por siempre!, ¿Dónde rayos estoy? ¿Por qué diablos estoy aquí?, ¡Esto no tiene sentido!, ¡No recuerdo nada de lo que soy!, ¡Ni siquiera puedo verme en un reflejo para saber que si soy yo!, ¿Y si sí soy yo como se que soy yo?, ¿Puedo saber que existo con saber que solo soy yo?, ¡Todo estoy es muy confuso!, ¡No recuerdo ni mi apariencia!, ¡No se si soy como ellos! (señalando a las personas de abajo), tan solo un sueño somos después de todo” – dijo ya un poco más tranquilo, decidió soñar y se tiro en el suelo de aquella prisión.
“¿Construimos nuestra celda?, ¿Encerramos nuestros sueños?, ¿Viviré por siempre en esto?”
Al despertar observo que su situación no había cambiado, tal parece que el sol es el culpable de haberlo despertado, sin ánimos observó la situación desde las alturas, “Ja, dudo mucho que Dios observe en estas condiciones al hombre”- pensó sarcásticamente- y se quedó en la orilla de aquel edificio esperando que pasara algo por los cielos, pero ni siquiera una triste rata de los cielos pasó.
El resto del día se dedicó a observar a los peatones que solo eran pequeños puntos en aquella ciudad de concreto, para su mala fortuna ni los helicópteros volaban tan alto para dar señal de él.
“Desde aquí no tiene sentido nada”-pensó, mientras veía a la gente pasando, regresando, esperando, (algunos asaltando), chocando y así consecutivamente todo el día. Al día siguiente fue la misma rutina, sin embargo algo que le extrañaba a aquel sujeto era que, pese a estar a esa altura, no sentía frío, ni tenía hambre, ni siquiera tenía necesidades fisiológicas; él recordaba que tenía que hacer eso, pero pese a todo aquello únicamente tenía que preocuparse por observar y descansar (algo muy extraño, ya que no tenía frío, ni hambre).
Cansado ya de la situación en la que estaba inmerso, decidió saltar, tomo fuerza de voluntad y dijo, llorando: “Si la vida me trata tan mal, tal vez la muerte me trate de forma mejor”- corrió, por donde podía, por el suelo del techo de aquel edificio y salto lo más que pudo, para después caer, muy rápidamente. Fue una sensación liberadora y aterradora, al mismo tiempo, sentía que su estómago se le salía por la fuerza de la caída, y por las sensaciones de miedo y terror mezcladas juntas (lo que provocaba un sudor muy frío en toda su piel), no pensó en nada, solo siguió en esa sensación hasta que por fin toco suelo.
Nada. No había ya nada, obscuridad y silencio, ni vista, ni odio, ni dolor, ni sufrimiento, todo había acabado, aquel sujeto había desaparecido para siempre, nunca supo de donde vino, ni a donde iba, ni que quería, ni que odiaba. ¿Triste final?
En este mundo, hay muchas clases de personas, sin embargo aquí se muestran dos, las que viven su vida pensado en lo que tiene que hacer cotidianamente y las que observan la vida sin siquiera poder formar parte de ella.
“Ha quedado en estado de coma, me temo que no podrá despertar jamás, sus signos vitales apenas y siguen estables, pero su muerte cerebral es inminente”- dijo un doctor, en una cama de cuarto de un hospital. El sujeto estaba ahí, tendido, nunca supo como era, pero ahí estaba, tenía un rostro “hermoso”, un cabello café brillante, cara delgada y con rasgos finos.
“Señora ha pasado mucho tiempo, desde que nació lo ha tenido en ese estado, al menos antes podía hablar con él, y solo Dios sabe si lo habrá escuchado, pero ya que su muerte cerebral es un hecho definitivo le sugiero que termine con esto- decía el doctor a una señora, que supongo era su madre.
Llorando y muy triste dijo la señora: “Es todo lo que quedaba, él solo era un rastro de aquel sueño de hijo que tuve una vez, aunque sea por un momento me hubiera gustado verlo despertar, quise contarle como era el mundo, pero el mundo nunca quiso despertarlo, para que lo viera como es en realidad.- La señora perturbada dijo, de nueva cuenta, al doctor: “Gracias por darme la oportunidad de estar con el por todos estos años”- y sin más que agregar se retira, para nunca volver.
“Parecía que daba resultados”- dijo otra persona que había llegado, a lo cual el doctor viéndolo respondió: “Si fue un sueño, tal vez, que por poco se hace realidad, esto hubiera sido un gran avance, la medicina tiene como objetivo sanar a las personas de este mundo, ¿Pero como podemos sanar a una persona que nunca formó completamente parte de este mundo?- y sin decir más desconectaron a aquel sujeto de la máquina que lo mantenía con vida, solamente un sonido anuncio su muerte.
Y de la oscuridad se sintió algo, se escucho un sonido, una luz, un calor y de repente…
